domingo, 21 de agosto de 2016

Soy una buena persona

No he perdido mi virginidad. No he cometido "pecados escandalosos".
Soy una chica que trabaja a tiempo completo, por las mañanas en una secundaria privada, dando clases de matemáticas y por las tardes con lideres universitarios en el ministerio estudiantil.
Voy a la iglesia, doy diezmo, tengo amigos que me retan y confrontan.
Soy parte de equipos organizadores en campamentos, retiros.
Hago estudios biblicos y devocionales.
Sé y conozco de exégesis bíblica, teología narrativa y otras materias más.
Entiendo la gracia e intento vivirla día a día.
Mi trabajo me permite acompañar estudiantes y profesionistas en su caminar con Jesús.
Y sin embargo...
... algo anda mal.
Por fuera, puedo parecer muy buena cristiana, muy buena farisea.

¿Pero por dentro?

Yo soy quien vive conmigo 24 horas al día.
Yo soy quien conoce en realidad mis verdaderas motivaciones ocultas.
¡Y me espanto!

Me espanto cuando encuentro en mí, egoísmo disfrazado de piedad.
Cuando encuentro falso sentido de la humildad.
Cuando analizo mis acciones y veo que he manipulado a la gente para obtener que hagan lo que quiero.
Cuando utilizo a mis amigos para satisfacer mis "necesidades" o deseos.
Cuando miro que aún con mis palabras sigo lastimando a los que mas quiero.
Ni toda mi teología, ni toda mi exégesis, pueden hacerme mejor persona.
Porque en realidad, no lo soy.

Con mis acciones buenas no logro nada. Es más, a veces, creo que empeoro las cosas.

La Biblia me recuerda que ni aún confíe en mi propio corazón.
Ya no lo haré.
No soy material ni persona digna de confianza.
No confío ni en mí misma en mis mejores momentos y menos en los peores.

Entonces, ¿Qué?

Es... en este punto... donde devastada y abatida, me recuerdan: MIRAR a la CRUZ.
No desviar la mirada.
Poner atención fija.
Entonces... comienzo a re-incorporarme, a ponerme de pie y seguir avanzando.
Entiendo que no hay nada en mí que sea bueno.
Que no merezco absolutamente nada de lo que se me ha confiado y sin embargo, El Padre lo ha decidido así.

¿Porque?

Por la sencilla razón histórica, de que al mirarme no mira mas a Ruth, sino a su Hijo Jesús en Ruth.
Me mira a través de los lentes de su sacrificio.
Me imputa su capa de justicia y esto me justifica a mí.

Uffff...

Suspiro y descanso.

No es magia, lo creo por fe y por los testimonios históricos.

Ahora el reto continua... seguir viviendo conmigo misma, las 24 horas, sabiendo que no soy buena y estando consciente de mi pecado diario.
El reto es,  no despegarme ni tantito de la Luz, porque el día que ya no pueda ver lo sucio de mi pecado, ya valí.
Para eso, el Padre me ha mandado algunos medios de ayuda: Su Palabra, Su Gracia y la Comunidad de amigos y familia que me la recuerda.

Jesús dice hoy: Confía en mí, cuidate de tí. 

Estamos todos infectados por el pecado y somos impuros. 
Cuando mostramos nuestros actos de justicia, 
no son más que trapos sucios. 
Como las hojas del otoño, nos marchitamos y caemos, 
y nuestros pecados nos arrasan como el viento. 
Isaias 64:6 NTV

No podemos confiar en nosotros mismos ni aún en nuestros mejores momentos.
Y no hay necesidad que nos desesperemos en los peores,
porque nuestros fracasos nos son perdonados.
C.S. Lewis


miércoles, 10 de agosto de 2016

¿Porque...

...El Eterno mira aún?
...El Divino quiere 
intimar con lo humano?
...El Infinito decide 
compartir Su historia?
...El Alfa comienza 
a cargar aquello que era mío?
...El Omega habla, 
crea y limita el universo?
... hay dos que danzan 
en comunidad con Él?
...El inmortal trasfunde
aliento al polvo estelar?
...El Autor permite 
escribir entre líneas y fuera de ellas?

sábado, 6 de agosto de 2016

Esta lluvia...

A veces la vida solo hay que vivirla tal cual viene, tal cual es.
Y bailar a su compás.
Nos pasamos mucho tiempo tratando de entenderla, de entender a otros, pagando cuentas, trabajando para corporaciones grandes o pequeñas, tratando de encontrar un significado a nuestra existencia.
Y olvidamos quitarnos los zapatos y despeinarnos bajo la lluvia.

Para muchos, era la entrada de un huracán o depresión tropical. 
Para mí, fue lo mas arriesgado y loco en meses!!! :)
No lo planeé, solo me quedé parada en medio del pasto y tenía 2 opciones: 
Correr y resguardarme de ella (eso implicaba resbalarme tal vez y caer) o simplemente caminar lentamente a resguardarme.
No hice ninguna de las dos. 
Simplemente no elegí, pero a la vez sí. 
Decidí quedarme parada y disfrutarla por casi media hora, mientras ella se violentaba cada vez mas y se hacia  mas fría y densa. 
La disfruté, sino no estaría hablando de ella en mi blog (por eso amo tener un blog, puedo escribir cualquier cosa que yo quiera)...
Esa lluvia me refresco el alma, limpió algunas dudas, apagó ciertos fuegos. 
Fue mas allá que una experiencia dérmica, metafísica y egocéntrica. 
Llevaba muchos meses sin ser empapada y con la sensación de inmensidad sobre mi cabeza. 
Llevaba meses con una vida controlando lo que hacía y siendo cuidadosa como me movía, caminaba y donde pisaba.
Esta lluvia me recordó lo ridículos que pueden ser nuestros medios de protección ante la fuerza de la naturaleza y en general, la vida. 
Lo endeble de nuestra seguridad. 
Lo impredecible de nuestro mundo y lo imprevisible de nuestras emociones y miedos. 
Terminé empapada, envuelta, depurada, fresca, hidratada y en cierto sentido...Renovada. 
Y aunque todo sea transitorio;
Debemos dejar, en ocasiones, mas frecuentes... que la lluvia, la vida, la naturaleza y LA palabra nos renueven, nos despeinen y permeen nuestro ser. 


sábado, 30 de julio de 2016

En general...

En general, la vida es bella.
Belleza de Vida.
Árbol plantado en Valle de Bravo, desde 1530.
Con sus matices de colores,
pasando del blanco al negro y en escala de grises.
En general, la vida es bella.
Con sus sabores agridulces, los amargos, los picosos
y los que nos hacen poner caras felices.
En general, la vida es bella.
Por lo que nos da, nos quita, nos escupe, nos arrebata,
nos regresa y nos bendice.
Sí, podríamos decir que la vida es bella.

En general, la vida es bella.
Por lo que nos hace bailar, otras veces parar y perder el compás,
o simplemente saltar y despeinar.
En general, la vida es bella.
En las bienvenidas, despedidas, hasta luegos
y abrazos largos en silencio.
En general, la vida es bella.
Cuando nos permite cambiar, crecer, llorar, sangrar
y con todo esto permanecer sin claudicar.
Sí, podríamos decir que sigue siendo bella.

En general, la vida es bella.
En medio de una pausa y otra,
con sus aceleraciones y cambios de velocidades.
En general, la vida es bella,
con sus lloros y lamentos, risas y quebrantos,
pensamientos y descontentos.
En general, la vida es bella,
aunque yo como humana no esté preparada para mirarla directo,
a sus enormes ojos hambrientos.
Pero sí, hoy definitivamente puedo escribir:

En general,
sola,
acompañada
o en comunidad,
La vida es bella.

jueves, 26 de mayo de 2016

¿Por qué fallamos en nuestros discipulados?

Es una gran pregunta. Llevo meses buscando la respuesta y de repente en una clase cotidiana de matemáticas, todo se hizo evidente.
Se han escrito muchos libros sobre el ser y hacer discípulos y no pretendo aportar nuevas estrategias o materiales de Estudio Bíblico o hacer una exégesis de Juan 15. Simplemente, hablaré desde mi corta experiencia.   

Antes que nada, creo que en muchas de nuestras iglesias latinoamericanas, hemos encapsulado la idea de “Discipulado” a una serie de lecciones tomadas de algún libro o material proveniente (la mayoría de las veces) de EU; las hemos reproducido sin darnos cuenta que, aunque la teología es buena (en el mejor de los casos) está completamente descontextualizada. Al mismo tiempo, erróneamente, hemos denominado “Discipulado” a un número específico de clases, en el cual la persona, una vez que ha sido alcanzada por el evangelio, tiene que acudir, tomar notas, cumplir ciertas tareas de memorización y cuidar no faltar a la mayoría de ellas. 
Después de estas clases, se le otorga un diploma o reconocimiento como si ya estuviera graduada de ese proceso.

¡Tan alejado de la realidad!

Una vez más, regreso al texto bíblico y encuentro a Jesús. Lo veo dando lecciones, a veces en parábolas, otras hablando de forma directa; reprendiendo, pero al mismo tiempo, comiendo, bebiendo, caminando, compartiendo la mesa, el pan, el piso, el camino pedregoso, la vida, Su vida. Veo a Jesús, por espacio de tres años aproximadamente siendo y encarnando la verdad en Él.
Entonces, recapitulo y analizo las formas en que yo he sido enseñada y he enseñado a otros y me encuentro con un imperativo constante. La mayoría de las veces me veo sentada con la Biblia abierta diciéndole a otra persona lo que “debería hacer” y lo que Jesús espera de ella.

Y ahí está el problema...

En el imperativo.

Pero… al mismo tiempo, ahí está la clave.


¿Qué pasaría si cambiamos nuestras lecciones teóricas por lecciones prácticas?
¿Qué pasaría si en lugar de decir como DEBE SER comenzamos simplemente a SER?
¿Si en lugar de hablarles sobre el enojo o la paciencia lo invitamos a una parrillada con nuestra peculiar familia?

Me refiero a que debemos incluir a las personas a nuestra vida y nosotros incluirnos a la suya. Convertirnos en amigos (Juan 15:14-15). Dejar y permitirnos caminar juntos tras SUS huellas. Dejar que las personas nos conozcan lo suficiente y se acerquen lo suficiente, para que puedan ver cómo, mientras les guiamos, también nosotros intentamos lidiar con la paciencia, el orgullo, la perseverancia y el amor.

Y muchos liderazgos por eso fallan. Porque no nos permitimos ser vulnerables y humanos, porque preferimos tener un discipulado frío y distante, desconectado de la vida y problemas cotidianos, en lugar de abrirnos y mostrarnos tal cual somos, pecadores al fin y al cabo. Ordenamos, pero no encarnamos; juzgamos, pero no servimos; marcamos errores, pero no modelamos el carácter de Jesús en nuestras vidas.
Y no nos podemos dar el lujo de fallar en el discipulado y en la formación de discípulos; ya que esto significa fallar en el nivel más básico de nuestra misión.

Entonces, al final del día, ambos, discipulado y discipulador debemos convertirnos en amigos, en compañeros de camino y misión; comprendiendo que no hemos sido llamados a inventar o innovar, sino simplemente a imitar. Sí, a imitar a Jesús, seguir sus huellas, gozar, disfrutar y vivir la vida bajo la verdad, encarnándola. Imitar juntos a Jesús y punto.
Y es ahí y solo ahí, cuando “El Discipulado” se convierte en una senda larga para toda la vida y deja de ser una serie de lecciones alienadas de la realidad.

¿Da miedo, no?

¡Claro! Porque es involucrarnos hasta la médula. Es invertir tiempo y vida. Es arriesgarse y ser expuesto a nuestros propios fallos y fracasos. Es mostrar que a pesar de ser sido justificados y haber entendido este gran concepto teológico, yo también vivo en disonancia algunas veces.  


En resumen… nuestros discipulados fallan, porque nosotros mismos hemos fallado en modelar el carácter de Jesús y encarnar su vida en las cosas cotidianas. Fallan, porque hemos sustituido el compartir la mesa, lo que somos y tenemos, por conceptos teológicos abstractos. Fallan, porque nos hemos dedicado a contestar una lección y dejado a un lado la discusión con nuestra madre sobre quien dejó abierta la llave del paso del agua. Fallan, porque a la hora de reconocer nuestro error y pedir perdón, le echamos la culpa al tiempo, al clima, o a las matemáticas. 

domingo, 1 de mayo de 2016

Nada nuevo que decir

Muevo los dedos del pie y dejo salir un largo bostezo. Ahora muevo las manos y el olor a fruta recién licuada me las lleva directo al estómago. Dirijo mis esfuerzos y mis lentos pasos hacia la cocina de mi madre; en un día caluroso, en Mérida, recibiendo los ya crudos rayos del Sol.
¿Cómo llegué aquí? ¿Cómo llegué a esta cama un domingo por la mañana?
Ha sucedido tanto, hay tanto aquí: adentro, afuera, alado. 
Hoy y los siguientes tiempos, reposo (reposaré) en este lugar, sin ritmos, sin drama, en silencio, solo con espacio para Él, yo y los amigos y amigas visitantes.

Haciendo uso de la frase de Eugene Peterson: "No tengo nada nuevo que decir, los cristianos ya conocen todo lo básico con tan solo estar vivos y bautizados" intentaré compartir, escribir y vivir cosas que trasciendan, cosas que vayan más allá de los likes, los meses, las palabras, de mi persona y de mis niveles de colesterol.  

Aquí voy:

*  Soy una persona controladora, que tiene que estar “al tanto de todo” y me doy cuenta que mientras más hago, más estorbo; mientras más intento, más estropeo; y así, mucho a mucho, se me escurre la vida; mientras más Ruth, menos Dios.

* He sido egoísta, pero sigo caminando por el umbral de la madurez, intentando responder al llamado de amar; intentando descifrar, asumir y encarar los riesgos del dar.

 * Las personas no son recursos, como algo que podamos usar; tampoco son desechables, como algo que podamos tirar; y mucho menos son reciclables, como algo que podamos usar una y otra vez en diferente cantidad e intensidad.

* No puedo conocer a Dios encerrada en mi habitación, libre de personas, leyendo, meditando, escribiendo y orando. No puedo evadirme, tengo que desarrollar conexiones profundas y personales, arriesgando y confiando.
Escuchando y dejándome escuchar. Amando y dejándome amar. Sirviendo y dejándome servir. Mientras juntos, el uno al otro, escuchamos, amamos y servimos Al OTRO y a los otros.

* Una vez más en palabras de E. Peterson: “No existe ninguna experiencia humana en la que fracasemos tan frecuentemente, seamos heridos tan profundamente, suframos tan dolorosamente y nos engañen tan cruelmente como el amor”; Pero, gracias sean dadas a Dios que esta experiencia humana está sumergida, empapada y bautizada en una comunidad divina. Por lo tanto, soy invitada y llamada a amar a Dios, mi prójimo y mi enemigo; a personas con nombre y apellido.

* Si voy a vivir en comunidad, tal como ahora, no puedo adivinar, suponer o controlar lo que el otro piensa y siente. Pero, si puedo nombrar, honrar, respetar, aceptar, comunicar, escuchar, servir, perdonar y amar.
Si voy a seguir viviendo en comunidad, debo “comprender” al Dios diverso, eligiendo entre lo más bajo y despreciado, lo más débil y absurdo que yo hubiera imaginado.
En esta comunidad, no hay ensayos, se actúa y se vive; se ama y se mete la pata; se peca, pero se corrige y restaura. Eso hace el Amor, la Comunidad de Amor.

* La comunidad, mi comunidad es una ensalada mixta de santos y pecadores. Lo común es que pequemos y pequemos feo; lo asombroso es que somos perdonados; lo milagroso es que a diario, ÉL, nos reciba a todos en su mesa.
Nos guste o no, vivimos en comunidad. Lo entendamos o no, somos hechos para participar de ella y de Él, para disfrutar del Dios comunidad.
Tiene sus contrastes, sus brillos, sus geometrías. Es bello y a la vez confuso. Simple y a la vez complejo. Humano y a la vez divino.


Mientras asiento el bolígrafo y camino por mis pastillas,  sigo pensando en ÉL, en ellos y ellas, amigos y amigas, con nombres y apodos…

domingo, 24 de abril de 2016

Carta a mis órganos internos

Queridos riñones: estoy orgullosa de vosotros, han mostrado valor y aguante ante las adversidades. Sigan haciendo su sucia labor.

Querido hígado: que te parece si les organizamos una fiestecita a los riñones?

Querida matriz: no seas tan envidiosa y sangrona.

Queridas plaquetas: ustedes no pertenecen a este grupo, pero sigan así, en paz y no se peleen ni asesinen unas a otras. Tampoco se suiciden porfis.

Queridos Tiempos de coagulación: no se crean el alma de la fiesta y empiezan a meter relajo, ok? 

Querido bazo: es bueno seguir teniéndote con nosotros.

Queridos todos los demás: prometo seguir alimentándolos bien, pero recuerden, estamos en el mismo barco, pórtense bien, no se justifiquen con las palabras "ideopaticos" o "auto inmunes"...

(6 meses después de haber escrito esto, añadiré...)

Queridos ovarios (o el 30% que queda de ellos): han mostrado valor y osadía. Gracias a Dios no se han ido; pero respóndanme, ustedes saben la razón por la cual se quedaron?

Y en general...

Querida maquinaria llamada Cuerpo: me dicen que eres el instrumento que Dios usa para llevar a cabo sus planes. Lo creo, pero confieso que la mayoría de las veces no te entiendo, te descuido o te sobrecaliento. 

"No eres tú, soy yo" esa frase no aplica, ya que el problema real y de fondo, no somos tú y yo, sino el pecado que ha hecho mella en nosotros y en el mundo caído. Por lo cual,  no nos hacemos más jóvenes cada día, te desgastas y te vas deteriorando hasta podrirte y regresar al polvo del cual fuiste tomado; pero tranquilo, tú y yo tenemos una esperanza de restauración, donde llegará el día que podré escribirte y describirte como El Creador nos pensó desde el principio: glorificado, perfecto, restaurado y regenerado. 

Y para no alargarme, finalizo: Tal parece que nos han dejado trabajar en equipo unos años más, para mí formación y la de otros; así que... vivamos, redimamos el tiempo, seamos sabios e instrumentos... Llevemos, hablemos, sembremos, inspiremos, formemos, apuntemos a ÉL.

P.d. Pongamos en ortopraxia nuestra ortodoxia.