viernes, 10 de agosto de 2018

Venus, Júpiter, Saturno y Marte en conjunción sobre la eclíptica.


Es la primera vez que pude ver a estos 4 planetas a través de un telescopio de 32 pulgadas.
Fue una extraordinaria belleza y despliegue de pensamientos y emociones.
Venus, el más grande y brillante en la bóveda celeste; Júpiter gigante con sus manchas y 4 de sus lunas cercanas; Saturno, único con sus singulares anillos y Marte, nuestro vecino semejante.  
Cada astro, posee características y singularidades extrañas, complejas y bellas. Cada uno cuenta a su manera una historia, el material del que está hecho, la trayectoria por la cual orbita, su lugar y preponderancia en el sistema solar y por supuesto nos da la oportunidad de hacerle más preguntas provenientes de la curiosidad y el asombro; lo que nos lleva a admirarlos y entenderlos (un poco más cada día).

Y así…
… concluyó uno de mis días de vacaciones.
Mirando hacia arriba, al universo, en un rincón del sureste Mexicano, en una visita inesperada, exclusiva, en un lugar, donde ninguna de las tres nos imaginábamos terminar al iniciar el día. Sencillamente, creo que fue un regalo del mismo cielo. Y tratando de racionalizar e interiorizar la cantidad de información sobre cada planeta, estrella, y nuestra vía láctea no puedo concebir que todo sea producto casual y sin sentido. 
La naturaleza de lo creado me lleva a pensar en la naturaleza de un Creador; me lleva a cuestionarlo pero no entenderlo la mayoría de las veces; me lleva a tapar mi boca antes de reclamarle por mis circunstancias cotidianas y efímeras, me lleva a reconocer mi pequeñez en el mundo y al mismo tiempo, mi asombro ante su plan cósmico de reconciliación de TODAS las cosas con ÉL.  

Al mirar al cielo, puedo mirarlo a Él; 
Al mirar a mis costados, puedo seguir mirándolo en la comunidad y red de amigos que me abraza y sostiene;
Al mirar hacia adentro puedo agradecer por su gracia, su provisión y su encarnación. 
Sea por donde sea que dirija la mirada, ahí está Él.  En los brazos espirales de la galaxia, en la carretera mientras viajamos, en una habitación de hotel, en medio de las calles calientes y asfaltadas de la ciudad... y... en lugares insospechados. Caminando con nosotros día a día, desplegando su poderío ante nuestros ojos cansados y embotados; pero permitiéndonos claridad de rato en rato. 


Intentamos tomar fotos, pero ninguna pudo captar y apreciar lo que nuestros ojos podían percibir ni nuestras palabras describir. 

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